sábado, 25 de abril de 2015

subrayando acotaciones de la vida...

Se que poco a poco, con el paso de los años, será cada vez más y más fácil echar la mirada atrás, recopilando todos aquellos recuerdos y todas esas sensaciones que queda página tras página, color tras color.
Sino recuerdo mal, en anteriores publicaciones he aludido a la metáfora en la cual toda nuestra vida, todos nuestros pasos y hazañas quedan identificados como una bonita novela, de final inesperado, pues cada capítulo, cada día no deja de ser más que una tirada de dados en donde el azar juega el papel principal. Y es que por mucho futuro que poco a poco vayamos construyendo, todos sabemos que siempre nos quedan esos momentos de "locura" podríamos llamarlos, en donde todo nuestro sistema se desequilibra por un momento y tomamos otro camino. Soy consciente de que la vida se ve de muchas y distintas manera, modus operandi que definen a cada una de las personas que al igual que tu y yo, forman parte de aquella marabunta denominada sociedad.
Y si, puede ser que todo aquello que conocemos no sea más que una simple apella, en donde cada grano, cada bicho, y cada aceituna sea de su padre y de su madre. Si, es muy probable que así sea, sino no me explico como en una misma paellera, pueden haber tantas disputas por la simple falta de información, que conlleva a la tolerancia.
No se si todo esto será fruto de mi fase de "juventud" y mis hormonas y neuronas están en una maratón sin fin, pero no dejo de tener bombardeos constantes de preguntas retóricas en mi cabeza, sonidos que no encuentran su virtud, solo rebotan entre mis cavidades y atormentan mi estructura de lo que a mi ética se refiere.
Pese a que me pase ahora mismo la mayor parte de mis días estableciendo líneas de color sobre cada letra, la cual de su padre y de su madre, no soy capaz de establecer cual de mis momentos en mi vida son dignos de señalar, y volver a leer y releer para nunca olvidarlos. Pese a que el deseo inmortal de la vida eterna haya pasado alguna vez por cada uno de los ingredientes de esta rica comida valenciana, no podemos obviar el simple hecho de que tarde o temprano, el pasado, que una vez fue nuestro presente y futuro, se olvida. Y puede que me salga la vena modesta, pero he de reconocer que posee creo una de las mejores virtudes del mundo, el poder recordar; pero no establecer  una conexión con un momento del pasado, no, esa capacidad de volver a zambullirte en la piscina, en sumergirte en el océano de las emociones, las sensaciones que sufrimos en la piel, aquellos sollozos y llantos de alegría y tristeza, aquella constelación que podemos observar cuando nos hacen felices, el bienestar que sentimos, muchas veces sin saber porque, cuando algo nos hace felices. Esa sensación de poder tirarte a la cama, sin que el tiempo pase excesivamente deprisa, cuando el vacío de agarra y pasas a ser un rey bajo su control. Aquellas imágenes de paisajes, lugares y momentos, en los que pensaste cuando llegaría el momento en el que por fin saquen una cámara capaz de calcar la fisiología del ojo, y que una vez que veas los fotogramas, puedas sentirlos nuevamente en tu cabeza.
Si, todo ello se consigue con una simple zambullida en el mar de los recuerdos, que navegan a la deriva esperando a ser rescatados.

Puede ser que ahora los subrayadores sean mi arma más eficaz en esta escena en la que cada uno de los actores que interpreta la misma obra, son considerados como una cifra, una nota a la que tienen que llegar para poder ser reconocidos socialmente; pero lamentablemente todos queremos que algún día seamos considerados no solo como el arroz que da forma a esta comida, sino como el sabor que la caracteriza.
Se que aún puedo ser joven, pero se que no hay mejor examen como el que uno mismo hace de su vida, donde los apuntes quedan en las experiencias y momentos en los que lloras y ríes, te sientes a gusto y felíz con tu pareja, o simplemente sabes que no puedes parar de llorar. Pero si, he de decir que nuestro mejor libro no es más que nuestra propia historia, la cual no termina hasta que la pluma exhale su última gota de tinta.

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